En MUWCI muy de vez en cuando y cuando el director quiere nos dan permiso para escaparnos de este lugar un fin de semana. Es por eso que el pasado viernes, sábado y domingo decidimos visitar la ciudad más poblada y húmeda del mundo. Ya sé que no suena muy bien, pero mereció la pena haber pasado seis horas de ida y seis horas de vuelta en un jeep hasta llegar a Bombay, el segundo paraíso de la canción de Mecano.
Lo cierto es que nos movimos en una zona bastante tranquila, para qué engañarnos, una zona más bien turista, claro que dentro de lo que es Bombay esta sería la zona menos turística de un país occidental.
Aunque al principio podía no parecerlo acabamos viendo un montón de cosas interesantes: edificios coloniales, jardines, ruinas de templos hindúes y, ¡al fin! ¡Comimos haburguesas!
Los templos los encontramos en Elephanta Island, una isla que está a una hora de la ciudad y donde al llegar descubres no muchos sino muchísimos monos. Así como suena, monos. Y regateos, porque este es el país favorito de todo aquel que sin regatear no es feliz, aunque para mercado en el que discutir el precio de un vestido, una toalla, utensilios de cocina o comida tenemos Crawford Market, hecho por y para indios, por lo que esos tres extranjeros como nosotros (Frida de Panamá, Pablo de Vigo y yo) llaman demasiado la atención. La verdad es que no sólo en Crawford Market, también en Chowpatty Beach, Hanging Gardens o Causeway Street conseguíamos que alguien se acercase a ofrecernos un puesto como extra en una película de Bollywood.
Ah! Y el Taj Mahal Hotel junto a la Gateway of India, ¡cómo no contar lo maravilloso que es aquello!
Resulta que una calle más allá de aquella donde corrían las ratas, donde una fila de personas dormía en la acera, donde un hombre se estaba bañando, aparece el gran hotel, el espectacular Taj Mahal, inmenso, perfectamente iluminado y siendo alabado por las carrozas de caballos que lo rodeaban. El sitio más lujoso en el que he entrado nunca (aunque no hay que olvidar que nos quedo mucha Zarzuela que ver), porque entramos. ¿Y cómo si íbamos con vaqueros, con mochilas y sudando? Sencillo: somos blancos y por eso cuando entramos al baño hay una persona que nos echa jabón en las manos, que después nos seca y nos desea por tercera vez consecutiva los buenos días.
Eso es contraste, eso es India.