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Archive for 25 marzo 2008

Porque en India sí se puede

Nuestra queridísima Ajuli, profesora de Derechos Humanos, dijo el otro día algo que me dejó sorprendida.

No tengo muy claro por qué llegó a decir eso, quizás fue resultado del análisis de las ideas de Marx en relación con la familia o simplemente otro de esos muchos momentos en los que la hippie india nos cuenta cosas de su vida. La cosa es que hablando y hablando como buena cotorra que es la mujer (pero no por eso menos querida), nos dijo que su gran país a pesar de los muchos errores que cometía hacía una cosa bien: permitir a las familias tener tantos hijos como quisieran, al contrario de como sucedía en otros lugares. Pues ya me dirá a mi qué de bueno tiene no controlarlo cuando India es el segundo país con mayor población del mundo y la gente se muere de hambre en las calles, cuando los padres ven a sus hijos como pequeños trabajadores que no van a la escuela para llevar dinero a casa y cuando encima muchas veces los padres, eso lo corroborará Maite, les dejan sin comida, o cena.

En fin, esos derechos humanos que a veces me sacan de quicio.

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¡Abuelita dime tu!

(también en Global Galicia) 

“Bueno, bueno, ¡a ver cómo nos vuelves! Mira que me han dicho que el chico que fue antes que tu, ¡vino vestido con faldas!”

 

Las frases de las abuelas se quedan grabadas en lo más hondo de nuestras mentes y salen a relucir en los momentos más inesperados (sí, sí, igual que la morriña por sus croquetas y sus cocidos).

 

El otro día andando por el estado de Kerala esa frase se vino a mi cabeza mientras, sentada en una choza, un camarero indio nos servía con una sonrisa y unas cuantas palabras en hindi los zumos más extraños pero refrescantes que he visto en mi vida. Enfrente de nosotros un grupo de extranjeros vestidos con ropas (aún) occidentales tan sencillas como unos vaqueros y una camisa se colocaban las gafas de sol y se alarmaban poniendo caras de ¡¿cómo hago yo esto, me voy a manchar mis pantalones de Armani?! cuando descubrieron que en medio de la calle había un charco lleno de barro, plásticos, piedras, lagartijas, niños despeinados, moscas y Krishna sabe qué más. Pero lo hicieron, con más arte que nadie, y nosotros seguimos a lo nuestro probando nuevas especialidades como aquel ‘Kerala Earthquake Milkshake’ que pintaba bien.

 

Unos días después, tras demasiados batidos y experimentos, otro lugar nos esperaba: la capital del estado, así que allí acabamos, una noche en un restaurante europeo de estos en los que la música, los sofás, los cuadros y las mesas, además de la gente, hace que uno se sienta en uno de los lugares más chic de Londres o Bruselas. ¿Y a quienes nos encontramos allí? Sí señores, han adivinado. Pero esta vez no entraron con relojes plateados, gafas de sol, camisas y zapatos, no, no, no. Como buenos exploradores de India se habían hecho con las camisas gigantes de estampados y los pantalones Alí Babá naranjas y verdes. ¡Menudo cambio! Los zapatos eran chancletas, el bolso una mochila y el teléfono móvil un libro que habla sobre cómo abrir los chakras mediante el yoga.

 

Ahora no me extraña que mi abuela me dijese eso. Si estas cosas pasan en una semana… ¡qué será de mi después de dos años!

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